“On being an Angel”, Francesca Woodman en el Finnish Museum of Photography

Instalación de la exposición "On Being an Angel" de Francesca Woodman en el Finnish Museum of Photography, 2017.
Instalación de la exposición "On Being an Angel" de Francesca Woodman
 en el Finnish Museum of Photography, 2017.

Se dice que algunos le han llamado prodigio, que sus imágenes son de una madurez inalcanzable para su edad, Helsinki mostrará una parte de su obra para que el público la conozca y matice los adjetivos que a su respecto se han elaborado. Nosotros, sin embargo, nos mantenemos mesurados en nuestra crítica. 


Los que escribimos sobre arte y los aficionados a la música tendemos a iconizar a aquellos creadores que mueren a una edad en la que sus primeras obras han comenzado a destacar, e incluso a solidificar un estilo de elaboración digamos, propio o distintivo del artista. Kurt Cobain y Morrison son ejemplos de cantantes que con sus bandas de rock tenían ya una obra importante y suficientemente extensa para el momento de su partida, en el caso de Nirvana impulsores de un género, e influencia vital de la música de hoy; no así Amy Winehouse, quién ha sido elevada a mito, claro, eso vende discos y genera regalías por todas partes. 


Hay que evitar utilizar el argumento de la calidad de obra generada versus los pocos años de trabajo de un artista que muere joven. Lo que importa es la obra, y si ésta tiene influencia decisiva en las generaciones posteriores de creadores. Es Francesca Woodman [1958–1981], fotógrafa a quién con frecuencia se le asigna un toque de genialidad asumiendo que al temperamento de una joven de cercanos veinte años le es imposible concebir imágenes profundas como las por ella generadas durante su época creativa. Basta haber leído e interpretado mentalmente la "Alicia en el país de las maravillas" de Lewis Carroll para llegar a esos resultados. Pero no quisiera ser mal interpretado, no estoy en contra de lo alcanzado por Woodman, sino en contra de adjudicarle un significado de alteza de la fotografía que creo que no merece. Su trabajo no cambió, ni instaló nuevas formas de mirar. Su trabajo es poderoso por su temática, sus imágenes son sórdidas y atormentadas. Siempre jugando con los contrastes del cuerpo y la materialidad de las habitaciones. Sus fotos más que de ángeles triviales son de ninfas que se pierden en viajes aturdidos sin destino.


Adjudicar este tipo de imágenes solo a personas que han alcanzado cierto umbral de edad, pareciera una necedad cultural: basta observar trabajos de jóvenes pintores japoneses, o revisar el ideario de los impulsores del Steampunk. Las ilustraciones de muchos dibujantes están lejos de habitar en mundos de color rosa, son introspecciones y cuestionamientos psicológicos a su yo y al mundo exterior.


Hoy en día la Internet está llena de visuales que apelan a esa extraña belleza de lo decadente: un surrealismo oscuro pero sin naufragar en la pesadilla. Para averiguar la grandeza de Woodman, basta con decir que los actuales productores de esas imágenes no parecieran haber sido influenciados por ella, ya que en los ochenta difícilmente una cantidad importante de estas personas pudieron haber visto sus proyectos fotográficos. Es decir, existe una fuerte probabilidad de que alguien más haya elaborado composiciones visuales similares, que después se extendieron con facilidad en un mundo actual donde la concepción de imágenes desde lo digital es cosa de todos los días en el terreno creativo. Y el surrealismo fotográfico, uno de los más practicados.


No hay duda que el trabajo de Francesca Woodman está lleno de elaboraciones artísticamente realizadas, no hay duda que su trabajo tiene una valía narrativa y confrontadora de ella misma, así como para con el espectador. ¿Hay talento?, sin duda, y su obra debe ser promovida. Pero cuesta decir que es un prodigio.  


The Finnish Museum of Photography en Helsinki, mostrará bajo la producción del Moderna Museet Stockholm, una selección de los proyectos de la fotógrafa americana Francesca Woodman, la curaduría del museo ha intentado combinar en la exposición algunas de sus fotos más famosas con otras series poco conocidas, como aquellas impresas a color y los ejercicios que exploraron por primera vez la fotografía de modas. Poco más de cien imágenes serán exhibidas junto a seis cortometrajes realizados por la misma Woodman. El evento se presenta bajo el título “On Being an Angel”, frase tomada de una nota escrita en una de sus fotografías, y que estará abierta al público hasta el próximo 15 de octubre.



Coolstuff: una joven permanece volando en una habitación mientras que sus alas de angel reposan ante la luz.
Francesca Woodman, From Angel series, Rome, Italy, 1977.

Cool pics: una mujer yace en el suelo de manera artistica junto a un balde que contiene una serpiente.
Francesca Woodman, From Eel series, Venice, Italy, 1978.

Cool pics: Una chica usa tapiceria como camuflaje y desaparecer ante la pared de la habitacion.
Francesca Woodman, From Space2, Providence, Rhode Island, 1976.

Foto cool: una joven levita y se sostiene del marco de la puerta de una habitacion. Ella pareciera estar bailando un hermoso ballet.
Francesca Woodman, Untitled, Rome, Italy, 1977-78.

Foto cool: una joven gatea en una vieja habitación mientras se mira al espejo.
Francesca Woodman, Self-deceit #1, Rome, Italy, 1978.

Foto artistica: una joven vestida al viejo estilo del can can posa en actitud extraña desde la esquina de una vieja habitacion.
Francesca Woodman, Untitled, Providence, Rhode Island, 1975-78.

Foto vintage: una mujer se autorretrata con la ayuda de un espejo al interior de una casa. Su camara es antigua.
Francesca Woodman, Untitled, New York, 1979.